Aunque afligido yo, el Señor pensará en mí
“Aunque afligido yo y necesitado,
Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes”
Salmos 40:17
Algunas
traducciones bíblicas le dan a este texto un mejor sentido y una perspectiva
mucho más amplia. En primer lugar, la necesidad mencionada en este texto, no se
limita únicamente a una carencia material, se refiere más bien a la
insuficiencia o incapacidad que tiene el ser humano para alcanzar por sí mismo,
la aceptación de un Dios tan inmenso y majestuoso.
El gran mensaje
de este versículo es que, a pesar de nuestra fragilidad y limitación, el Señor
se preocupa por nosotros. Este pensamiento trasciende a nuestra comprensión. La
incomprensión de que un ser tan infinito como el Creador, no solo piense en
nosotros, sino que además nos ofrezca su socorro, es un misterio inescrutable.
Es un acto de gracia y misericordia que no tiene igual, pues a pesar de nuestra
imperfección y nuestro estado de miseria, somos objeto de la atención y el
favor divino. El salmista expresa, en su clamor, la profunda necesidad de
recibir ese socorro y liberación a tiempo, ese rescate que solo puede venir del
Todopoderoso.
“Yo soy un
pobre desgraciado, pero el Señor piensa en mí…” BNP
Para reflexionar:
¿En qué puedo
jactarme, de qué puedo sentirme orgulloso o cuál será mi mérito para que el
Señor piense en mí? “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?” Sal.
8:4. ¿Habrá algo bueno en mi vida o acaso habré hecho algo noble para que el
Creador del universo tenga memoria de mi persona?
Aun cuando no hay
nada valioso en mi vida, el Señor extendió su misericordia y decidió hacerme su
hijo para ofrecerme las muchas bondades eternas de un Padre celestial.
El amor de Dios
es incondicional, inalterable, inexplicable. Aun en mis debilidades y en mi
misera condición, él bajó su mirada para buscarme y me extendió su mano para
rescatarme de la condición en la que me encontraba ¡Oh gracia admirable del
Señor!
Saber que Dios me
ama es suficiente para mí; saber que eso nunca cambiará es esperanzador; aunque
no lo entienda, me es suficiente saberlo.
¿Qué dificultad
que yo pueda atravesar es más fuerte que su amor? ¿Qué tribulación es más
profunda que su misericordia? Si él es mi Padre y me ama, entonces, ¿qué
padecimiento debe causar temor o incertidumbre a mi frágil corazón?
Entonces esperaré
en él, y sólo en él, porque en su nombre hay salvación, él es mi ayuda y mi
libertador.
Si aún en mis
errores pasados me recogió, también en los futuros me perdonará, porque grande
es su misericordia y eterna su bondad.
Es maravilloso
saber que estoy en sus pensamientos, porque entonces, entiendo que soy
importante para él; ¿y cómo no si soy su hijo?, un hijo perdonado y amado. Si
clamo, él me oye; si le busco, él me encuentra.
Gracias Señor por
pensar en mí.