Imitemos vidas ejemplares
“Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a
los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” Fil.
3:17.
imitemos sus vidas así como ellos imitan a Cristo
La Palabra de Dios nos insta a seguir el ejemplo de
aquellos creyentes que se mantienen firmes en la fe; en sus vidas,
caracterizadas por un testimonio de fidelidad y dedicación a Dios, encontramos
una fuente constante de inspiración, que nos impulsa a vivir de acuerdo con los
principios bíblicos que nos acercarán al cumplimiento del propósito de Dios
para nuestra vida. La fe, la santidad, el servicio, el amor de estos hermanos
son virtudes que manifiestan una vida centrada en el evangelio, son vidas
dignas de imitar.
El apóstol Pablo, en diversas ocasiones se puso él
mismo de ejemplo como modelo de vida cristiana para los creyentes de las
iglesias en las que ministró:
A los cristianos en Corinto, Pablo exhortó: “Sed
imitadores de mí, así como yo de Cristo” 1 Co.11:1; Otra vez dijo: “Por
tanto, os ruego que me imitéis” 1 Co. 4:16.
A los creyentes filipenses, Pablo expresó: “Hermanos,
sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo
que tenéis en nosotros” Fil. 3:17.
A los cristianos en Tesalónica, Pablo les invitó a
imitar su ordenado estilo de vida cristiana cuando expresó: “Porque vosotros
mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos
desordenadamente entre vosotros” 2 Tes. 3:7, y agregó “…por daros
nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis” 2 Tes. 3:9.
Al joven pastor Timoteo, Pablo exhortó a ser “ejemplo
de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” 1 Tim.
4:12.
El escritor a los Hebreos no desestima el ejemplo de
vida cristiana que los pastores pueden ser para los miembros de la
congregación, a quien exhorta a imitar “su conducta” y “su fe”
(He. 13:7). El apóstol Pedro exhortó a ellos mismos (a los pastores del rebaño),
a mantener el alto honor de ser ejemplo a la congregación, “siendo ejemplos
de la grey” 1 P. 5:3.
Pablo no se consideraba así mismo como una figura de
perfección espiritual, sino como un ser humano consciente de su propia
imperfección. Pablo estaba lejos de ser perfecto, y él mismo lo reconocía; el
Señor le dio a Pablo un aguijón en la carne (2 Co. 12:7); y él mismo se percibía
como el peor de todos los pecadores (1 Ti. 1:15). No obstante, su misma
imperfección fue la clave para ponerse como ejemplo de otros creyentes.
Pensemos en esto:
Ciertamente Cristo es el modelo por excelencia de vida
cristiana que los creyentes debemos imitar (He. 4:15), pero Cristo nunca buscó
la perfección, pues él siempre ha sido perfecto.
En cambio, el Apóstol Pablo fue un compañero de viaje
y de la carrera en la fe, en el camino hacia la perfección espiritual, quien
deseaba llegar a ser como Cristo.
Si Pablo hubiera sido perfecto, no habría sido un
ejemplo realista o accesible para los creyentes. El ejemplo de Pablo radica
precisamente en su humanidad, en su lucha constante por seguir a Cristo a pesar
de sus imperfecciones y debilidades.
Todos debemos imitar a alguien que puede mostrarnos
cómo resistir las tentaciones, como manejar los problemas, las adversidades y
desilusiones de la vida, cómo buscar hacer morir la carne y el pecado, en una
fragilidad humana caída.
La fe, la perseverancia, la paciencia, la moral, el
manejo de las relaciones, de las posesiones, son cuestiones de la vida que
debemos aprender. Dios en su sabiduría, nos ha dado, hermanos en la fe, que a
través de su testimonio podrán ayudarnos a combatir, los problemas del pecado;
juntos nos animamos, nos exhortamos, nos corregimos, porque somos atletas de la
misma carrera de la fe, cuya meta es llegar a ser como Cristo.
¿Tienes como ejemplo de fe y testimonio a algún
hermano(a) que sea de inspiración para tu vida cristiana, que te anime con su
ejemplo y frutos espirituales, a seguir adelante en la carrera de la fe?
Comparte con él este devocional y coméntale cómo su testimonio ha bendecido tu
vida.
Dios te bendiga