Gustavo Miranda

Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo.

"Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo..." 1 Pedro 1:1

Serie 1 Pedro | Tema #1

El Apóstol Pedro fue uno de los íntimos amigos y discípulos de Jesús durante su ministerio. Al lado del maestro, Pedro tuvo el privilegio de ser testigo directo de los milagros y enseñanzas del Señor, experiencias que marcaron profundamente su vida y su llamamiento. Dichas vivencias moldearon su entendimiento sobre el amor, la fe y el servicio a Dios.

 

Siendo pescador, Pedro fue llamado por Jesús a seguirle, abandonando su oficio y su vida anterior.

En este acto inicial de fe y obediencia, Pedro experimentó desafíos y dudas que pusieron a prueba su fe, pero que, al mismo tiempo, fueron experiencias contundentes que le conducirían a modelar su ministerio y carácter cristiano.

Estas experiencias al lado de Jesús, le llevaron a una transformación radical, de ser un hombre impulsivo y a veces vacilante, a un líder firme y resuelto en la proclamación del Evangelio. Su vida y su ministerio nos dejan una enseñanza invaluable: el poder transformador de Jesucristo en aquellos que se entregan a Él con un corazón sincero y dispuesto.

 

Pedro, como uno de los íntimos discípulos de Jesús, tuvo el privilegio de ser parte de momentos clave en la vida y ministerio del Señor. Entre sus más notables apariciones en los evangelios, destacan:

Pedro fue quien confesó a Cristo con mayor valentía ante los demás discípulos y quien lo negó ante sus peores enemigos; fue quien recibió los más grandes elogios por parte de Cristo, pero también fue referido como “Satanás” por el mismo Cristo (Mateo 16). Pedro fue quien tuvo la osadía de reprender a Jesús pero también fue el discípulo más reprendido por Jesús mismo; Junto a Jacobo y Juan, Pedro fue desafiado por Jesús a caminar en el agua, probando la fe de este cuando Jesús calmó el mar (Mateo 14:24-33); Pedro, junto con Santiago y Juan, fue testigo de la transfiguración de Jesús en el monte, cuando Jesús se mostró en todo su esplendor celestial, acompañado de Moisés y Elías (Mateo 17:1-9); Pedro buscó a Jesús junto a los demás discípulos muy temprano por la mañana mientras Jesús oraba y entonces el Señor los envió a predicar en las sinagogas (Mr. 1:35-39); Se opuso al Señor cuando quiso lavarle los pies y después de entender el significado de este acto, le pidió al mismo Señor que le lavara los pies y la cabeza;  obedeció al Señor cuando este último le ordenó que echara sus redes una vez más para pescar, el resultado fue impactante (Lucas 5:1-11); él mismo cortó la oreja del siervo del sumo sacerdote pero le negó tres veces maldiciendo y jurando que no conocía a Jesús; fue quien corrió a la tumba para buscar el cuerpo del Señor (Lucas 20:1-10); Pedro vio a Jesús resucitado (Lucas 24:34); Pedro fue restaurado públicamente por Cristo resucitado a la orilla del mar, restaurando su llamado a ser líder de la iglesia (Juan 21).

 

Estos eventos destacan la cercanía de Pedro con Jesús, sus momentos de fe y duda, y su proceso de restauración, que lo prepararon para su papel fundamental en la expansión del cristianismo, experiencias transformadoras que modelaron su fe y carácter, y lo prepararon para pasar de ser un discípulo a un líder de influencia en la iglesia primitiva.

 

Entre sus expresiones más conocidas en los evangelios destacan:

Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red” (Lc. 5:5).

Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16).

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Jn. 6:68,69).

"Señor, si eres Tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas" (Mt. 14:28).

Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” (Mt. 18:21).

No me lavarás los pies jamás” (Jn. 13:16).

"Aunque todos te abandonen, yo nunca te abandonaré" (Mt. 26:33).

Aunque me sea necesario morir contigo, no Te negaré.” (Mt. 26:35).

Y le dice: Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo.” (Jn. 21:17).

 

Efectivamente, Pedro es un ejemplo claro de cómo, a pesar de nuestras debilidades humanas, Dios puede transformarnos y usarnos de manera poderosa. A lo largo de los evangelios, Pedro se presenta como un hombre con características muy humanas: impulsivo, impetuoso, y, en ocasiones, dudoso y temeroso. Estas debilidades no lo excluyeron del llamado divino, sino que se convirtieron en oportunidades para que Dios lo moldeara y lo preparara para un propósito más grande.

 

Después de su resurrección, Cristo le hizo un llamamiento sumamente grande: fue llamado a apacentar sus ovejas; ahora como un Apóstol. Llegó a ser un varón de gran influencia en la iglesia primitiva y quien además recibiera de Dios, la revelación para escribir dos epístolas, cartas de inspiración a la vida cristiana y ministerial hasta el día de hoy.

 

Para reflexionar:

¿Qué enseñanza te deja la vida de Pedro? ¿De qué manera influye su llamamiento al ministerio en tu propio llamamiento?

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Pastor Gustavo Miranda

Pastor en Iglesia Bautista Berea en Gómez Palacio, Dgo.
Doctor en Teología, maestro en educación y ministro de música y adoración.

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