Gustavo Miranda

Del lodo a la roca

*_“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová”_*. Salmos 40:1-3

 

El Salmo 40 ofrece una enseñanza sobre los resultados de confiar en el Señor y de esperar pacientemente en Él. Este salmo nos invita a reflexionar sobre las bendiciones que emergen cuando depositamos nuestra esperanza en Él, reconociéndolo como la única fuente de nuestra confianza y fortaleza.

 

  1. Salvación

Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso” v. 2

Antes de conocer el evangelio de nuestra salvación, nos encontrábamos sumidos en un abismo profundo, un estado de desesperanza y condena del cual no podíamos librarnos por nuestras propias fuerzas. La Biblia describe que estábamos muertos en nuestros delito y pecados, en un estado de separación total de Dios.

 

En este estado de muerte espiritual, nos encontrábamos bajo la condena del pecado, sin esperanza de redención ni posibilidad de liberarnos por nosotros mismos. El pecado, con su naturaleza destructiva, nos mantenía atrapados en la oscuridad y el sufrimiento, apartados de la luz y de la comunión con nuestro Creador.

 

El suelo donde antes pisábamos en el fondo de aquel pozo, era de lodo cenagoso, un sucio pantano, un lodazal. Entre más deseábamos salir por nosotros mismos, más y más nos hundíamos. Era imposible poder escapar por nuestras fuerzas. El fango espiritual en el cual estábamos hundidos eran nuestros pecados en los cuales vivíamos cautivos, atrapados y sin darnos cuenta.

 

Pero el Señor hizo posible una salvación tan grande al tomarnos en sus brazos y elevarnos en las alturas para rescatarnos oportunamente de ese pozo profundo.

 

La Palabra de Dios dice que por gracia somos salvos por medio de la fe; esta salvación es un regalo de Dios no por obras o méritos humanos (Efesios 2:8; Tito 3:5) y no porque la merezcamos, pues es producto de su gracia inmerecida.

 

  1. Seguridad

Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos v. 2

Una vez que el Señor nos rescató del pozo profundo de la desesperación y el pecado, él no solo nos liberó de nuestra condena, sino que además nos brindó seguridad, el Señor fijó nuestros pies firmes sobre la roca para darnos estabilidad.

 

¡Del lodo a la roca!  En Cristo, nuestros pies están firmemente establecidos, ya que Él es la roca inamovible sobre la cual podemos construir nuestras vidas; Jesús es la roca de nuestra salvación, en quien tenemos seguridad.

 

El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré” Salmos 62:5

 

El mundo, en su constante búsqueda de satisfacción y estabilidad, ofrece solo una apariencia de seguridad, una estabilidad superficial y efímera que se basa en el placer momentáneo y los logros humanos. Por el contrario, aquel que conoce a Cristo encuentra una seguridad genuina, duradera e inquebrantable. Esta seguridad descansa, no en las circunstancias y condiciones del mundo, sino en el carácter inmutable del Señor.

_“Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?”_ Salmos 18:31

 

  1. Alabanza

Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios” v. 3

 

Al otorgarnos la salvación, el Señor abrió nuestros labios para proclamar su grandeza.

 

El motivo principal por el cual somos salvos no está centrado en el hombre, ni en las muchas bendiciones que este recibe en Cristo por medio de la salvación (aunque somos beneficiarios de innumerables bendiciones que recibimos al estar en Cristo); el propósito fundamental de la salvación es resaltar la gloria de Cristo, su maravilloso amor y su ilimitado poder al darnos vida.

 

¡Dios ha puesto en nuestros labios alabanza que proclama su gloria!

Cristo vino a este mundo “a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado…” Isaías 61:3

Ahora somos de él y para él, y esto glorifica su Nombre.

 

Cantad al SEÑOR un cántico nuevo; cantad al SEÑOR, toda la tierra” Salmos 96:1

 

La visión profética de Juan en el libro de Apocalipsis nos ofrece una imagen gloriosa del futuro, donde los redimidos, aquellos que han sido salvados por la gracia de Dios, alabarán al Señor por toda la eternidad. En su revelación, Juan contempla una multitud incontable de personas de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, unidas en un solo propósito: rendir homenaje y adoración a Aquel que es digno de recibir toda gloria, honor y alabanza.

 

_“y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación”_ Apocalipsis 5:9

 

  1. Testimonio

Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová” v. 3

 

Como resultado de la salvación que Dios nos ha otorgado, el mundo podrá ver claramente que el Señor transforma vidas. A lo largo de los evangelios, podemos ser testigos de los innumerables milagros que Jesús realizó en la tierra: sanó a paralíticos, devolvió la vista a ciegos, hizo hablar a los tartamudos, liberó a los endemoniados y purificó a los leprosos. Estos milagros, realizados de manera pública y ante la presencia de muchas personas, no solo demostraron el poder divino de Cristo, sino que también sirvieron como un testimonio tangible de Su autoridad y de la verdad de Su mensaje. Al ver estas obras sorprendentes, muchas personas creyeron en Él y reconocieron a Jesús como el Mesías prometido.

 

La salvación que Dios nos ha otorgado en Cristo es un milagro divino. Las vidas transformadas por la gracia de Dios son un reflejo palpable de la realidad y el poder del evangelio, y al ver estos cambios, los incrédulos se convierten en testigos del gran poder de Dios.

 

Gracias Señor por la salvación tan grande que has dado a mi vida: me has rescatado, me has dado seguridad, has puesto alabanza en mis labios y ahora, soy testigo ante otros de lo que tú has hecho en mi vida.

 

 

 


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Pastor Gustavo Miranda

Pastor en Iglesia Bautista Berea en Gómez Palacio, Dgo.
Doctor en Teología, maestro en educación y ministro de música y adoración.

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