El que siembra su tierra, Dios saciará de pan
“El que labra su tierra se saciará de pan; Mas el que sigue a los vagabundos es falto de entendimiento” Proverbios 12:11.
La sabiduría
de Dios nos instruye en la importancia y el valor del trabajo constante y dedicado.
Para labrar la tierra, al igual que cualquier otro trabajo u ocupación, se
requiere tiempo, esfuerzo, diligencia, dedicación.
La Palabra nos
enseña que siempre habrá recompensa del que trabaja con esfuerzo y enfoque en
sus tareas diarias. Quien así lo hace tendrá siempre pan en la mesa para él y
para su familia.
No así, quien se
deja influenciar por “vagabundos”, estos son los que no tienen rumbo
fijo, gente sin propósito ni enfoque en su vida, sin estabilidad; quienes
siguen a estos, simplemente les espera la pobreza y desesperación futura. Esta actitud
es necia en la vida, pues quienes viven de esta manera, esperan “que el
alimento les caiga del cielo”, sin considerar que Dios les ha dado muchos recursos
(talentos, tiempo, oficio) para trabajar y generar el sustento. Por tanto, es
pecado no administrar nuestro tiempo y recursos.
“Si alguno no
quiere trabajar, tampoco coma” 2 Tes. 3:10.
Los caminos de
vagancia, por no tener propósito firme, son incompletos y no existe retribución
en ellos, simplemente conducen a la perdición; “el hombre de doble ánimo es
inconstante en todos sus caminos” Stg. 1:8.
La sabiduría
de Dios en este salmo nos instruye entonces al trabajo arduo y a la dedicación
constante.
“Ve a la
hormiga, oh perezoso; mira sus caminos y sé sabio. La cual, no teniendo
capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su pan, y recoge en el
tiempo de la siega su comida." (Proverbios 6:6-8)
En un sentido ministerial,
todo servicio constante y dedicado, dirigido para el Señor y su obra, trae su
respectiva retribución, “Porque Dios no es injusto como para olvidarse de
vuestra obra y del amor que habéis mostrado hacia su nombre”
He. 6:10, él pagará a cada uno según sus obras (Ro. 2:6). Por lo tanto, no
debemos servir a Dios de manera mediocre, sino con la dedicación y entusiasmo
de hacer las cosas para el Señor (Col. 3:23,24), quien merece toda la
excelencia y pulcritud. Él se encargará de retribuir a cada siervo, la
recompensa de su vida de fe y servicio (2 Co. 5:10).
“…Digno es
el obrero de su salario” 1 Tim. 5:18
Trabajemos esforzadamente para nuestro sustento, y hagámoslo aún con mayor dedicación para nuestro Señor.