Parábola del sembrador
“He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno… Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.” Mateo 13:3-8, 18-23.
Durante su ministerio
terrenal, el Señor Jesús empleó Parábolas para ilustrar sus grandes enseñanzas;
a través de ellas ilustraba verdades espirituales acerca del reino de Dios. Las parábolas se convirtieron en una herramienta
fundamental en su predicación, permitiendo que los oyentes pudieran captar la
esencia de los principios del reino de Dios de manera clara y significativa.
El
propósito central de la parábola del sembrador es ilustrar los diversos
resultados que pueden derivarse al compartir el evangelio de Cristo con las
personas perdidas. A través de esta parábola, el Señor Jesús revela las
diferentes formas en que el mensaje del reino de Dios puede ser recibido por
los oyentes, dependiendo de las condiciones de sus corazones. Al analizar
detenidamente la parábola del sembrador, podemos discernir el significado de
sus elementos:
- El sembrador:
los mensajeros del reino de Dios, quien comparte la Palabra de Dios.
- La semilla: Simboliza el evangelio mismo, la palabra de Dios, el
mensaje de salvación que se siembra en los corazones de las personas.
- Los cuatro terrenos
donde cae la semilla: Representan la
actitud o la condición del corazón que tienen las personas receptoras del
evangelio de Cristo.
Nos damos cuenta que la
diferencia del resultado al sembrar, no está en la semilla, sino en las
diferentes condiciones del terreno que la recibe:
1. El camino. Representa a aquellos cuyos corazones están
endurecidos o cerrados, impidiendo que el evangelio entre en ellos y produzca
fruto. Las aves (que representan al maligno) arrebatan la semilla, evitando que
crezca. El enemigo (Satanás) está al acecho de robar la semilla cuando esta no
tiene un lugar para crecer.
2. Pedregales. Estos
son los que oyen la Palabra y responden al evangelio pero no lo hacen con fe,
es solo un compromiso superficial y emocional, mas no real. Reciben la palabra
con gozo, pero las demandas del evangelio hacen que lo abandonen al instante,
pues su fe no tiene raíz, lo que evidencia una conversión no genuina (1 Juan
2:19).
3. Espinos. Los espinos son las
preocupaciones del mundo: los placeres mundanos y el afán por acumular riquezas
terrenales. Este engaño de satanás ahoga la semilla del evangelio en el corazón
de las personas. (Stg. 4:4; 1 Jn. 2:15-17).
4. Buena tierra.
Este es el corazón humilde y sensible que recibe con solicitud la Palabra de
Dios, la entiende y la obedece, buscando el desarrollo espiritual en su vida. Ellos producen frutos, sus vidas son transformadas por
el evangelio y dan testimonio de la obra de Dios.
Los tres primeros
terrenos no producen fruto, pues son “fe muerta”, pero este último produce
fruto en gran medida.
Un verdadero creyente
en Cristo produce fruto espiritual, pues la semilla del evangelio fue sembrada
en su corazón y este la recibió con solicitud, con un corazón humilde y
sensible a la Palabra de Dios; comprendió las verdades bíblicas y las puso en
obra ¡tiene una fe viva!
Para reflexionar:
¿Está tu corazón
receptivo y sensible para escuchar la Palabra de Dios?
¡Gracias Dios por la Palabra que has sembrado en mi
corazón! Permíteme ser un sembrador llevando la preciosa semilla a las almas
necesitadas.