Hacedores, no solamente oidores
”Mas sed hacedores de la palabra, y no tan
solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” Santiago 1:22
Tan malo es el pecado de la acción como el de la
omisión (Stg. 1:17). Conocer la Palabra de Dios y Su voluntad conlleva una gran
responsabilidad; conocerla y no ponerla en práctica constituye un pecado.
El llamamiento de Dios a todo cristiano es a no
conformarse solo con el conocimiento, pues de nada serviría tener la mejor
enseñanza si no ponemos en práctica lo que aprendemos. Santiago explica por qué
no debemos limitarnos únicamente al conocimiento: la teoría se olvida (como el
"oidor olvidadizo"), y quien no practica la Palabra "se
engaña a sí mismo".
Ser discípulo implica ser hacedor; no se trata solo de
recibir el conocimiento de manera teórica, sino de llevar a la práctica cada
instrucción. La fe bíblica es dinámica, y la fe que no se practica está muerta
en sí misma (Santiago 2:14-17).
Toda la enseñanza del Sermón del Monte culmina con
estas palabras del Señor: "Cualquiera, pues, que oye estas palabras y
las pone en práctica, será comparado a un hombre prudente… Pero cualquiera que
oye estas palabras y no las pone en práctica, será comparado a un hombre
insensato…" (Mateo 7:24, 26).
La sabiduría de Dios es poner en práctica la Palabra
de Dios en nuestra vida, a esto el Señor nos ha llamado, a la obediencia a su
Palabra; solo aquellos “Hacedores” son cristianos bienaventurados. Quienes lo
hacen simplemente “se engañan a sí mismos”.
Para reflexionar:
La sabiduría consiste en aplicar los principios y
enseñanzas de la Palabra de Dios en nuestra vida. Este acto de obediencia y
compromiso con la Palabra de Dios es donde radica la verdadera esencia del
cristiano. Únicamente quienes son "hacedores" de la Palabra son cristianos
bienaventurados.
“¡Ojalá yo me mantenga firme en la obediencia a tus leyes!” Salmos 119:5
DHH