Esperar en Dios
“Pacientemente
esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor” Salmos 40:1
“En la espera,
esperé”, es como originalmente se traduce este salmo del hebreo.
Esperar es una de las
pruebas más evidentes de nuestra fe en Dios, es una demostración auténtica de nuestra
confianza en él. No podemos presumir de tener fe en el Señor si no sabemos
esperar en Él, en sus planes y en su soberanía.
Esperar se
relaciona con cualidades como: serenidad, conformidad, perseverancia, sosiego,
tolerancia, tranquilidad, calma; pero esperar no es un acto de simple
inactividad, sino una manifestación tangible de una fe activa en Su voluntad.
El fruto espiritual
que nos permite esperar en Dios es la paciencia, siendo esta, una de las nueve
virtudes del fruto espiritual del creyente (Ga. 5:22,23). Este fruto lo desarrolla
el Espíritu Santo en nosotros por medio de una vida devocional creciente en el
Señor a través de la oración y el estudio de su Palabra.
Humanamente
deseamos recibir una respuesta rápida y entendible a nuestras oraciones delante
de Dios. La desesperación muchas veces puede orillarnos a tomar decisiones
apresuradas y necias que pueden desviarnos de los propósitos perfectos de Dios
para nosotros, y por tanto perder su bendición en el camino. Entendamos que la
respuesta de Dios no siempre es rápida y en “nuestro lenguaje”, pues Dios tiene
sus tiempos y formas para tratar nuestras vidas.
Al igual que un
Padre terrenal, el Señor desea que aprendamos como hijos suyos, a depender de
él en todo sentido, a depositar nuestra absoluta confianza en sus manos y a no
vacilar cuando las cosas no salen como deseamos. Al saber esperar, nuestras
vidas son bendecidas con la deliciosa voluntad de Dios, y recibimos de él,
todas las riquezas en sus muchas bendiciones que nos tiene preparadas.
“Bueno es
Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca” Lamentaciones 3:25
Al igual que
David en los salmos anteriores, es común que, al experimentar pruebas, sintamos
que nuestra alma se sienta desfallecer, sin encontrar un consuelo o solución a
nuestra situación; sin embargo, es importante aprender que es en las
tribulaciones, cuando el Señor desarrolla esa paciencia en nosotros. En ningún
otro escenario maduraremos tanto nuestro carácter espiritual, como cuando
atravesamos tribulaciones.
“Y no solo
esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la
tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza”
Romanos 5:3,4
Estos momentos de
prueba no deben infundir temores o confusiones en nuestra mente o corazón, pues
nuestra vida está firme en la esperanza gloriosa del Señor, confiando en su
voluntad, en su soberanía y en su poder.
“pero los que
esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas...” Isaías 40:31
“...y conocerás
que yo soy Jehová, que no se avergonzarán los que esperan en mí” Isaías 49:23
Al igual que los
labradores esperan con paciencia hasta que llega la lluvia temprana y la tardía
para que sus cosechas den el precioso fruto, nuestra alma espera en el Señor,
hasta su venida (Santiago 5:7).
Cuando aprendemos
a esperar en él, nuestra vida es bendecida, plena, prosperada; y el nombre de
nuestro Señor, glorificado. Aunque parezca difícil, aprendamos a confiar y
depender del Señor, La Palabra de Dios y la oración nos hacen desarrollar
nuestra fe para vivir con paciencia nuestra vida cristiana.
Señor, esperaré en ti.